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Los casos de Kimmel y Comey reflejan la negativa visi贸n de Trump sobre la libertad de expresi贸n de sus adversarios

Tres semanas despu茅s de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, asumiera su segundo mandato el a帽o pasado, el vicepresidente J. D. Vance dio una tristemente c茅lebre lecci贸n a Europa sobre sus abusos a la libertad de expresi贸n. Tambi茅n hizo una promesa.

鈥淎s铆 como la administraci贸n Biden parec铆a desesperada por silenciar a quienes expresaban sus opiniones, la administraci贸n Trump har谩 precisamente lo contrario鈥, . 鈥淵 espero que podamos colaborar en ello. En Washington, hay un nuevo sheriff en la ciudad鈥.

Desde entonces, sin embargo, el Gobierno de Trump parece empe帽ado en hacer que Vance se retracte de sus palabras. Ha adoptado una , al menos en lo que respecta a los opositores de Trump y otros grupos que no gozan de su favor.

Y quiz谩s ning煤n d铆a lo ha dejado tan claro como el martes.

Desde el principio, supimos que la Comisi贸n Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en ingl茅s) estaba dando el paso sorprendente de , mientras Trump, una vez m谩s, ped铆a que la cadena castigara al presentador Jimmy Kimmel por un chiste. Poco despu茅s, supimos que la administraci贸n hab铆a logrado una acusaci贸n formal contra el exdirector por una conducta que, al igual que el chiste de Kimmel, parece constituir un discurso protegido por la Constituci贸n.

Ambos representan segundos intentos para castigar a los adversarios despu茅s de que los primeros no dieran resultado. Y, en cada caso, se podr铆a decir que son incluso m谩s transparentes que los esfuerzos iniciales.

En el caso de Kimmel, la FCC orden贸 la revisi贸n de las licencias de la emisora, alegando que estaba vinculada a una investigaci贸n sobre las pr谩cticas de diversidad de su empresa matriz, Disney, despu茅s de que el comediante contara un chiste sobre la muerte de Trump. El comentario ofensivo se refer铆a a que la primera dama Melania Trump ten铆a el 鈥渂rillo de una viuda embarazada鈥. El presidente hab铆a pedido el despido de Kimmel.

Esto se produce tras un incidente anterior en el que ABC en medio de amenazas del presidente de la FCC, Brendan Carr, por otro chiste de Kimmel, en este caso sobre la posibilidad de que el asesino del activista conservador Charlie Kirk fuera partidario del movimiento MAGA (lo cual nunca ha parecido ser cierto).

Que alguno de esos chistes fuera bueno o incluso de buen gusto no viene al caso; la cuesti贸n es que ambos parecen estar dentro de los l铆mites de la libertad de expresi贸n protegida.

Si bien la broma de Kimmel sobre la muerte del presidente tuvo un significado diferente despu茅s de que un hombre armado fuera arrestado en el piso superior al de Trump durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, el fin de semana, no se trat贸 de una amenaza. Kimmel explic贸 que simplemente bromeaba sobre la diferencia de edad entre Melania Trump, de 56 a帽os, y Trump, de 79 a帽os, y visiblemente envejecido.

En el incidente anterior con Kimmel, Carr afirm贸 que (a pesar de haber dicho que las cosas pod铆an resolverse 鈥減or las buenas o por las malas鈥). Parte de las cr铆ticas tambi茅n se centraban en que Kimmel estaba difundiendo informaci贸n err贸nea sobre un asesino.

Pero ambas afirmaciones quedan descartadas esta vez, ya que la FCC toma la medida trascendental y poco com煤n de revisar las licencias de radiodifusi贸n, en lugar de simplemente sugerir que otros hagan algo. A pesar de las afirmaciones de la FCC, es dif铆cil argumentar que este episodio se trate de otra cosa que no sea castigar una broma que no le gust贸 a la Casa Blanca.

La presenta una din谩mica similar.

Al igual que con Kimmel, el Gobierno intent贸 perseguir al exjefe del FBI por un asunto distinto que no prosper贸: concretamente, una .

Sin embargo, incluso los juristas m谩s conservadores se mostraron . Al parecer, el caso era tan d茅bil que el jurado investigador rechaz贸 una acusaci贸n y aprob贸 por un margen muy estrecho otras dos, a pesar de que un jurado investigador rara vez rechaza las acusaciones.

El caso fue desestimado cuando se dictamin贸 que el fiscal estadounidense que lo hab铆a conseguido estaba desempe帽ando el cargo ilegalmente.

Pero en lugar de conseguir una nueva acusaci贸n formal por esos cargos, el Departamento de Justicia ha optado por un caso completamente aparte, uno que se deriva de la publicaci贸n por parte de Comey de una imagen de conchas marinas dispuestas para formar los n煤meros 鈥86 47鈥.

Trump y altos funcionarios de la administraci贸n afirmaron, cuando 茅l public贸 el mensaje el a帽o pasado, que se , a pesar de que 鈥86鈥 tiene muchos significados que no son 鈥渕atar鈥. (鈥47鈥 es la abreviatura de Trump, el 47.潞 presidente). Comey dijo que no sab铆a que pudiera tener ese significado y borr贸 r谩pidamente la publicaci贸n.

La administraci贸n parece enfrentarse a una tarea igualmente ardua para lograr una condena en este caso. No solo debe convencer al jurado de que 鈥86鈥 constituye una amenaza 鈥攍o cual podr铆a ser especialmente dif铆cil dado que Comey afirma que encontr贸 las conchas por casualidad, en lugar de haberlos colocado 茅l mismo鈥, sino que, seg煤n tambi茅n debe probar que Comey ten铆a 鈥渃ierta comprensi贸n subjetiva de la naturaleza amenazante de sus declaraciones鈥.

Es un list贸n muy alto. Y los expertos dudan de que se pueda superar.

Dicho esto, lograr una condena contra Comey o revocar las licencias de ABC tras un proceso de revisi贸n que se prev茅 largo probablemente no sea lo importante. Adem谩s, hay mucho que decir sobre incomodar a quienes no te caen bien y enviar un mensaje a quienes podr铆an perjudicarte.

Y la administraci贸n ha dejado claro que los derechos de libertad de expresi贸n de sus adversarios le preocupan poco en ese sentido.

Los fiscales federales, por supuesto, intentaron previamente imputar a seis miembros dem贸cratas del Congreso por instar a los militares a no obedecer 贸rdenes ilegales de Trump, a pesar de que esa es una directriz que ya se les da a los miembros del servicio. Un jurado investigador .

El Departamento de Defensa puso en marcha una pol铆tica de prensa restrictiva para los periodistas del Pent谩gono, que posteriormente fue anulada.

La administraci贸n ha intentado deportar a los inmigrantes legales que han expresado su apoyo a los palestinos.

Trump ha presentado demandas poco s贸lidas contra organizaciones de medios de comunicaci贸n con cuya cobertura no est谩 de acuerdo.

Y tras el asesinato de Kirk, la entonces secretaria de Justicia, Pam Bondi, adelant贸 brevemente , a pesar de que el discurso de odio est谩 protegido por la jurisprudencia de la Corte Suprema.

Ese episodio, junto con el primer cap铆tulo de Kimmel emitido casi al mismo tiempo, son algunos de los pocos casos en los que incluso los defensores conservadores de la libertad de expresi贸n se opusieron a la administraci贸n y lograron que retrocediera.

Pero est谩 claro que a煤n no ha terminado de forzar los l铆mites, de maneras que contradicen lo que prometi贸 en virtud de la Primera Enmienda.

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